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EXPEDICIÓN “Moalboal 2017”. 03/10/2017

Cebú.
¿Qué puedo contaros de Cebú?
Vais a flipar en colores.

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Cebú (Sugbo en cebuano, abstenerse de hacer rimas) es una isla de la región Filipina de las Bisayas centrales. Tras Manila, es el centro económico y mercantil, más potente del País. Eso se puede comprobar por la gran cantidad de parques empresariales, distritos de negocios, universidades, colegios, hospitales y otros servicios que tiene. Servicios que tiene la ciudad, Cebú, porque Cebú, la isla, es una enorme selva verde. No es de extrañar que no se tenga constancia del número exacto de personas que la habitan.

De la impenetrabilidad de esta jungla (os recuerdo que una jungla es como un jardín, pero donde todo está manga por hombro) da fe la curiosa anécdota de Hiroo Onoda, un oficial japonés que llegó a la isla en 1944 para hostigar el avance de las tropas de los Estados Unidos y que, tras ser derrotado, huyó a la selva con tres colegas y allí se quedó, hasta 1974, fecha en la que se rindió al gobierno de Ferdinand Marcos. Bueno, realmente, esto ocurrió en la isla de Lubang, pero sirve igual.

Lo que sí que podemos decir de Cebú, es que siempre han tenido un cariño muy especial por las Españas.

IMG_0468Durante la segunda guerra mundial lxs Españxles afincados en esta isla hicieron labores de comunicación y apoyo a la resistencia, por ejemplo, llevando en bicicleta mensajes y productos para fabricar munición. Cuando los Japoneses (que no se andaban con chiquitas) invadieron la isla, y, dado que nos tenían ojeriza desde que Carrión y unos cuantos infantes de marina les metieron una buena manita de ostias, tomaron represalias, aunque siendo como eran, más bestias que los ultras de un equipo de segunda siberiano, nos remoñorearon a collejas, pero en plan chungo, o sea que prendieron fuego a las casas (con gente, incluso cuñados, dentro) tiraron granadas, fusilaron a cientos de civiles, enterraron a gente viva o los pasaron a la bayoneta. Fue un acto cruel en el que nadie parecía estar a salvo, ni siquiera los más pequeños, como Ana María Aguilella una niña de 5 años que sobrevivió a 16 cuchilladas.

Vamos, que al lado de estos, Herodes era como un Teletabi.

Como sería la cosa que Franco, hizo una solemne declaración sobre la “vesania nipona” llegando, incluso, a plantearse una declaración de guerra con Japón. Finalmente, el ministro de asuntos exteriores de entonces (José Félix de Lequerica) zanjó el asunto con una notificación de ruptura total de relaciones diplomáticas. Bueno, realmente, esto ocurrió en la isla de Manila, pero sirve igual.

¿Os extraña que, pese a la incuestionable influencia histórica de España en la zona, quedaran tantos compatriotas por allí tras el “desatre del 98”?

vlcsnap-2017-12-04-15h25m59s768Pues resulta que en 1.885, cuando los que remoñoneábamos a collejas a los chicos y encerrábamos en conventos a las jóvenes (por libertinas y casquivanas) éramos nosotros, los joviales muchachos de la orden de Agustinos Recoletos pensaron que la fiesta no podía ser completa sin birras, e iniciaron la producción de cerveza en su convento de Cebú. Su finalidad, claro está, no era la de incitar al pecado y a la lujuria, sino medicinal. En 1.889 Enrique de Ycaza solicitó una concesión Real para hacer cerveza a lo bestia. Era un 29 de septiembre, día de la fiesta de San Miguel Arcángel. También construyó una fábrica de hielo, aunque no llegó a cumplir su sueño de la fábrica de torreznos, que hubiera sido ya, no la ostia: ¡ La reostia ¡

Pedro Roxas modernizó las instalaciones y comenzó la producción de otros tipos de cerveza (lager, negra, stout, o Bock) marcando el comienzo de una expansión comercial a nivel mundial hasta lo de la invasión japonesa. Bueno, realmente, esto ocurrió en Cebú, zona del barrio de San Miguel (a las afueras de Manila), pero sirve igual.

No todas las empresas cerveceras tienen una historia tan apasionante, por ejemplo, la Cruzcampo surgió al embotellar agua de charco y mezclarla con los Kelogs del desayuno. Y ya.

Pero lo del cariño a lxs Españolxs no viene de aquí, es mucho más antiguo. Se remonta a 1.521 cuando la flota española al mando de Magallanes arribó a las costas de Sugbo, que ya por entonces era un importante núcleo comercial. El rajá Humabon y su esposa Humamay (ya estamos con los nombrecitos raros) se puso de “muy very happy guapi” al ver que podría expandir sus negocios de porcelana, seda, especias, hierro y otras cosillas. Magallanes enseguida se puso manos a la obra y comenzó con su evangelizadora labor del remoñoneo hasta que el cacique le dijo que a ver si le hacia el favor de desalojar unos okupas de la cercana isla de Mactán. Lapu Lapu, que así se llamaba el líder de los sediciosos contaba con una ventaja, y es que, la isla que hoy en día acoge el aeropuerto internacional, por entonces, era un puto barrizal lleno hasta las trancas de cebuanos más peligrosos que tener diarrea con tos. La poca profundidad de las aguas no permitió a los nuestros usar la artillería y finalmente, optamos por una retirada de esas glorioso-humillante. Por cierto, que el propio Magallanes perdió la vida en esta campaña. Como Humabon nos vió más bien flojitos, trató de envenenarnos, así, como de a poquitos. Menos mal que el segundo de a bordo, un tal Juan Sebastián Elcano se olió el pastel y decidió irse a dar una vuelta, pero de tranquis, aunque, esto, ya sería otra historia.

vlcsnap-2017-12-04-15h27m01s402La historia que nos ocupa ahora, comienza un 2 de diciembre, festividad de San Constantino Abad en el aeropuerto de Adolfo Suarez Madrid Barajas. Bueno, no, la verdad es que empieza mucho antes, ya que la organización de un viaje como este lleva muchas horas de trabajo, esfuerzo y dedicación antes de que despegue el primer avión, .

Un buen instructor y excelente persona me dijo en una ocasión que:  “guiar una inmersión es estar preparado para tomar una serie de decisiones de gran relevancia en un lapso ínfimo de tiempo, contando con datos limitados, basados en impresiones poco tangibles y aun así tener que soportar las críticas de lxs ignorantxs“. Empiezo a pensar que en su brillante exposición se le escapó mencionar que también afectaba a lo de las escapadas, que es muy parecido. Pero, no adelantemos acontecimientos.

Nada más llegar nos hemos encontrado con Rafa y Carmen… ¿Qué puedo contaros sobre Carmen y Rafa?

En principio, a primera vista, y dada su edad… Bueno, podría deciros su edad, pero luego tendría que mataros, claro. Pero para que os hagáis una idea, cuando Moisés abrió las aguas del mar Rojo, allí que se los encontró, a los dos, buscando coquillas. Como os decía, dada su edad tú te imaginas a una de esas románticas parejas de jubilados que siempre caminan de la mano, ella mirando al horizonte y el escuchando el carrusel deportivo en un viejo transistor, pero no, Carmen y Rafa son la élite de una raza de mayores fibrosos, ágiles, con riñonera y chándal que lo mismo se tiran en paracaídas, que hacen puenting o que te sacan los colores en clases de zumba, porque claro, con tanto gym y tanto yoga, tienen la misma preparación que un ninja, que ya no me extraña que cuatro de estos te tomen el control del bufé de un hotel de playa en cero coma.

Carmen, de los dos, la que tiene el pelo como un chupachups de escarola, tiene aspecto angelical, unos andares -que ya los hubiera querido la Schiffer- y un swing de caderas que si le pones una gorra del revés, una sudadera amplia, dos collares como los del negro del equipo A y la dejas recitar algo de Góngora se come al Daddy Yankee al Eminem y el 50cts juntos. Últimamente, quizás influida por la serie de Harry Potter, ha generado la extraña adicción de querer entrar en Hogwarts por las puertas de servicio jugándose la pelvis en caídas que pondrían los pelos de punta hasta a los de humor amarillo. Eso sí, estilosa ella, no se resigna al ostión proletario en la puerta del Mercadona sino que viaja a lugares exóticos como el caribe o Malasia para hacer el salto del tigre sin red. Ahora bien, a la que le mencionas un destino de buceo de los calentitos, pone las orejas como un doberman, te agarra el brazo y te pregunta eso de: “a ver, a ver, qué es eso de Moalboal”.

vlcsnap-2017-12-05-15h31m10s314Rafa es de los dos, el que no dice continuamente “calla Rafa”, que si le pones una gorra de capitán de barco de todo a cien podría pasar por el Hugh Hefner de Mostoles. Por lo que cuenta (porque eso sí, contarlo, lo cuenta), ha estado viviendo en varios países trabajando en asuntos exteriores, vamos, que tiene muy claro que la palabra es mucho más fuerte que el brazo, y eso, que cuando le escuchas hablar (porque eso sí, hablar, habla), nunca te agrede los oídos con “haigas”, “picsas” o “tasis”, y es reconocido mundialmente por ser el único ser humano capaz de iniciar una conversación sumando dos más dos y no parar hasta que el resultado tenga decimales.

Que sí, que este párrafo está copiado de otra crónica, lo sé, pero tengo tres motivos para reproducirlo:

Primero: está escrito desde el respeto, la admiración y el cariño.
Segundo: A Carmen le hizo ilusión cuando lo leyó.
Tercero: este texto lo escribo yo, así que lo copio y punto.

En esta ocasión se han apuntado también Alba y Pablo. Una pareja entregada al buceo y poseída por el ansiamasá. Si alguna vez compartes viaje con ellos, es necesario que sepas, no sea que les confundas, que Alba, de los dos, es la que no tiene pinta de partir nueces a cabezazos.

También se han sumado a la fiesta José Luis DC y Mayte. El primero tiene la pinta de Gárgamel pero la sabiduría de Gandalf. Con Mayte no me puedo meter mucho porque es la persona que me quita los dolores de espalda y de hombro. Su tono de voz es dulce y tranquilizador. Me encanta ese toque de inocencia que tiene. No, no voy a decir nada malo de alguien que siempre ha pensado que el hiperespacio es el supermercado más grande de la galaxia.

vlcsnap-2017-12-05-15h32m02s447Otro que aparece es Íñigo, contagiado del ansiamasá más radical que trabaja como veterinario (dogtor, en inglés) geniosésimo buceador y mejor persona, aunque, hoy en día a cualquier cosa se le llama persona.

Nariz como la del pez cofre, ojos saltones como los de un mero… a ver, no estoy hablando de una nueva especie, simplemente le estoy describiendo a Raúl como es Fernando, el último en apuntarse al viaje, por si viene mientras embalamos las maletas. Por cierto, ahora que me fijo, ¡vaya entradas que tiene Raúl!, parece que le haya frenado un microbús en la cabeza.

No… no me olvido ni de Margarita ni de Juan, que ya deben de andar por la puerta de embarque y que han debido ponerse en modo avión, porque no logran conectar con nadie.

Los últimos en llegar, como siempre, serán Nacho y Bea. Nacho (ex-hombre de negro) sigue sin poder explicar en que trabaja, aunque, cada vez hay más dedos acusándole de ser el cabrón que inventó las rotondas. Con Bea no me puedo meter mucho porque es la persona que me quita los dolores en el oído derecho y en el oído izquierdo. De manera que os diré que es una de esas chicas guapas donde las haya, con una carita de las diseñadas a conciencia, con escuadra, cartabón y compás que no pierde su belleza ni cuando hace muecas. No, no voy a decir nada malo de alguien que piensa que su casa siempre olerá bien porque es de estilo colonial.

Total, que con todos y todas presentes, y, pasando por alto el hecho de que no hayamos tenido opciones de asalto de sala VIP (algo imperdonable), embarcamos en el primer avión que nos llevará a Munich. Para quienes no disponen de estudios básicos, Munich es la capital de Babieca, uno de los flanders de Alemania. Un vuelo, corto, agradable y que nos sirve de entrenamiento para lo que se nos viene encima.

vlcsnap-2017-12-05-15h40m05s671La cosa es que, quizás por el azar, o por que las compañías aéreas ya nos tienen calados, nos han distribuido por todo el avión de forma aleatoria. Eso supone que Carmen no tiene pasillo, Íñigo está más solo que Will Smith en “soy leyenda”, Pablo y Alba están en configuración asimétrica… ¡un desastre!

Menos mal que mi privilegiado cerebro ha tramado una argucia muy buena tal que, finalmente, hemos podido quedarnos con un asiento libre entre Raúl y yo. No soy de los que venden la miel del oso antes de cazarlo, pero este viaje promete. Promete de inicio, porque, según despegamos, me doy cuenta de que a mi lado hay una pareja armada con un niño que llora más que Bustamante en el sorpresa sorpresa. Por si esa situación no fuera amenaza suficiente detrás hay una madre de esas que confían en las terapias modernas (en lugar de los cachetes preventivos) tratando de controlar a dos niños hiperactivos. Pasar un vuelo de once horas con tan angelicales criaturas a tu espalda te convence de que Herodes, en realidad, era un visionario. ¿A que ya no os parece tan brutal lo de los japoneses de antes?

No, no es moco de pato hacer un viaje así.

Menos mal que Bea, sentada delante de mí, me va informando de las novedades del sistema de entretenimiento del avión. Por ejemplo, de las películas de los Minions y de las series que… bueno, confieso que a la última serie a la que estado verdaderamente enganchado es a la que hacía la rubia del gimnasio en la máquina de los glúteos.

Finalmente, aterrizamos en Singapur. Concretamente en un centro comercial que tiene un aeropuerto dentro. Apenas tenemos tiempo ya que, esta vez sí, las escalas están muy ajustadas. De modo que, la visita a las tiendas de ropa de Mariano Muti o de Victoria Sigrid tendrá que esperar a la vuelta. Pues nada, que de nuevo nos encontramos ante otra “embarquin dor” a punto de subir al avión que nos llevará a Cebú.

Los vuelos largos están bien, pero en estos, más cortos, no tienen ni videos, ni series, ni Estofití para la musiquilla ni nada, vamos que me aburro más que Spiderman en un descampado.

vlcsnap-2017-12-05-15h56m40s741Pero todo llega, y, finalmente, aterrizamos en la isla donde se cargaron a Magallanes. Queda pasar el control de aduanas con tanta gente que hace que las manifestaciones del primero de mayo se parezcan a una cola para comprar el pan. Luego a recoger las maletas y finalmente a cambiar nuestros euros por “chuskis” Filipinos. El “chuski” es una especie de criptomoneda, como el bitconde, que utilizamos en nuestros viajes por su versatilidad. Es muy fácil la conversión de nuestra divisa a todo tipo de “chuskis” ya sean, por ejemplo, a ver si me entendéis, “chuskis” indonesios, “chuskis” egipcios, o “chuskis” Maldivos. Así, a la hora de comprar regalos o cervezas (mayormente lo segundo, “pa” qué vamos a engañarnos) tienes muy claro su valor real y no te metes en camisas de once mangas.

Salimos al caluroso exterior y nos subimos al minibús que nos llevará a nuestro resort. La carretera es tortuosa, estrecha, y como la isla está llena de plataneras las casas las construyen en los arcenes. Lo malo de esto es que como no ves camiones aparcados no sabes si en esas “food trucks” donde elaboran delicias de harina fritas se come bien o no. Para quienes no son personas culturadas, un “fud trús” es una churrería ambulante, pero donde en lugar de pedir churros pides “destos”.

La idea era parar más o menos a mitad de camino, pero como el conductor no hablaba nuestra lengua, nadie le dijo “stop” y por lo tanto el muy “desaborio” no paraba ni en pasos de cebra. Bueno, finalmente, Carmen, sin que nadie le hubiera dado tela en este encierro, decidió que había que parar, poniéndome entre la espalda y la pared, ya que solo nos quedaba kilómetro y medio para llegar al Turtle Bay Resort.

El Turtle Bay Resort, ¿que os puedo contar yo sobre esto que no sepáis ya?

vlcsnap-2017-12-05-15h59m59s464Os puedo decir que, en un momento dado, el bus gira de repente y te metes en un camino de tierra con más agujeros que un campo de cebollas que serpentea entre cultivos salpicados de infraviviendas. Hay perros de esos famélicos que se van apartando a nuestro paso. El camino es el típico de película de miedo de esas que ponen en antena tres por las tardes. Cuando ya empiezas a temer por tu vida, aparece una puerta metálica que piensas – Bueno, pues aquí es donde ruedan la snaff movie -.

Pero no. Del camino saltas a un suelo hormigonado y empiezas a vislumbrar jardines y una piscina.

Sí, en efecto, en el centro del resort hay una piscina junto a un chiringuito con inequívocas señales de que lo de las birras va a ser allí. Que una piscina esté próxima a un lugar donde se pueden dispensar bebidas espirituales es una invitación a poner en práctica esa máxima del turismo que dice que ante propuestas audaces, cirugías innovadoras.

En un resort no tienes habitaciones, En un resort tienes bungaloses. En el Turtle bay, hay de tres tipos, aunque todos son iguales. Los tienes con vistas a la piscina, con vistas al mar y los del aparheid, que es donde nos alojamos finalmente Raúl y yo. Todos tienen plato de ducha, camas horizontales y una cafetera que no vas a utilizar porque los enchufes disponibles los tienes saturados de cargadores antes de que la primera maleta toque el suelo.

A la entrada hay unos percheros de aluminio que sirven para colgar los equipos. Para disponer de estos prácticos accesorios tienes tres opciones:

a: Pasar del tema y utilizar a modo de percha los barrotes de las ventanas.
b: Ir a recepción a solicitar uno y esperar a que te lo traigan.
c: Robar a los rusos del bungaló de enfrente el suyo cuando estén distraídos.
d: La a y la c son correctas

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El aspecto general es de pulcritud… jó, como me gusta esa palabra: “pulcritud”, suena hasta bien.

Los jardines están muy bien cuidados. Hay un edificio donde tienen una zona de estar sentado y el comedor. El comedor es una terraza sin ventanas, ideal porque es calurosa cuando hace calor y ventilada cuando hay viento. En un extremo hay una mesa de bufé donde colocarán las viandas tres veces al día.

En definitiva, el sitio ideal para los que gustan de propuestas audaces o robar mobiliario a los rusos.

De todas formas, este ambiente idílico se basa en un equilibrio más bien efímero ya que, si bien la distancia a cualquier signo de civilización te proporciona una embriagante sensación de libertad, la lejanía con los recursos más elementales hace que cualquier problema sea, cuanto menos, lento de resolver.

vlcsnap-2017-12-06-07h31m52s707Un viaje de buceo es como una sábana bajera, que cuando va bien por un lado, por el otro se va a la mierda. Por ejemplo, el primer día, cuando llegamos, una avería eléctrica nos dejó sin luz. Eso, no solo anuló el plan inicial de nocturna, sino que, impedía la alternativa natural de la heladería. Por si esto no fuera suficiente, lo de la entrega de habitaciones se complicó un poco…

Veamos, en un mundo en el que las aspiradoras no hacen ruido, los aires acondicionados no hacen ruido, las lavadoras no hacen ruido o los coches no hacen ruido, resulta que los generadores suenan como el despegue de la lanzadora espacial de cabo Cañaveral. Y se necesitan generadores para garantizar el funcionamiento de los servicios básicos del resort tales como el wifi o las neveras donde se mantienen las cervezas fresquitas.

Pero claro, el aparato se encuentra muy cerca de la habitación de Carmen, que temerosa de ver alterada su fase de sueño, solicita un lógico cambio de bungaló. Como el aforo es escueto y la ocupación es alta, ese pequeño cambio se convierte en un verdadero quebradero de cabeza con más cambios de habitaciones que en una película de Almodovar. Finalmente, con paciencia, buena voluntad y una adecuada negociación, solucionamos la cosa y ya pudimos dar por iniciada nuestra aventura. Entré a mi habitación y me duché. Tras casi 24 horas de viaje y el asunto de las re colocaciones, el apagón, la no-nocturna… si ahora me dieran una patada en el estómago sería lo mejor que me ha pasado en todo el día.

Pero mi optimismo es inquebrantable.

Lo primero que hago es poner el “despacito” como tono para la alarma del despertador del móvil, así, cuando me despierte por la mañana y la quite, tendré la seguridad de que el día ya solo puede mejorar. No obstante, ni falta que hace. Me despiertan las primeras luces que entran por la ventana. Para no molestar a Raúl, salgo al jardín. Ahora sí que puedo disfrutar del entorno. Sobre todo del mar, que refleja la luz del sol como si fuera un espejo. Al fondo veo una especie de merendero. Las vistas desde aquí son espectaculares. Lo bueno de estar levantado a estas horas es que no hace ni gota de calor. Lo malo es que con estos madrugones, las ganas de vivir las veo lejísimos.

vlcsnap-2017-12-06-15h35m27s496Hay que desayunar. El calor se hace de notar poco a poco. En el salón nos reunimos y vamos dando buena cuenta de lo que nos sirven las camareras que ya han comenzado a conocernos, ¡alucina!, por nuestro nombre. El de Íñigo no es muy complicado de recordar, ya que, por aquí anda berreando con música de fondo un tal “Íñigo Pascual” que tras las primeras consultas en Google tiene que ser algo así como el Abraham Mateo filipino.

Quizás lo más destacable sea la tradicional lucha encarnizada por “pillar wifi”. Hay tres o cuatro “ruters” repartidos por todo el perímetro y con claves distintas, pero claro, no pueden estar conectados más de siete u ocho dispositivos a cada uno y, como por todxs es bien conocido, si no subes una foto de tus chanclas con un vaso de leche y el mar al fondo para escribir un poético y trabajado texto del tipo “Hola, aquí, desayunando” el viaje no tiene sentido.

Y en el grupo tenemos mucho informático con adicción a las redes sociales y luego está Fernando, que ha dejado a su recién estrenado retoño lejos y no es persona hasta que no tome café y vea la carita de su vástago en tuiter.

Cuando terminamos el desayuno, bajamos al centro de buceo.

Está en una explanada abierta al mar, con un edificio donde se alinean las distintas dependencias (oficina, almacén, secadero y compresor) y donde apreciamos unos bancos para que vayamos dejando las cestas con los equipos. Hay perchas y un árbol que no tenemos ni puta idea de lo que es, pero, que da sombra, la única de toda la explanada. Al fondo han construido un muelle donde amarran las “bangkas” que son las embarcaciones típicas de esta zona.

vlcsnap-2017-12-07-15h21m12s386Bagkas, banka, bank–há, barka o coso de flotar motorizado, no es más que un casco más largo que pasar un domingo con la suegra con varios compartimentos. El primero, pequeño, en popa, donde se fija un potente motor de 45 caballos y donde apenas hay espacio para que el “capi” pueda patronear la embarcación, que, si le miras desde adelante, se le ve más corto que Pistorius sin prótesis. En el segundo hueco, el más espacioso, hay sitio para que puedan ir con mucha comodidad entre seis y doce personas que bucean, aunque, normalmente no cargan las embarcaciones con más de ocho. Aquí hay asientos con el respaldo inclinado, bastante cómodos, y siempre procuran de que se disponga de una nevera con agua y pastelitos de esos que yo no puedo comer porque estoy a dieta, pero que Nacho, que es más cabrón que Caín con metralleta, se empeña en pasarme a escasos centímetros de la boca. El tercer hueco es el destinado a colocar los equipos de buceo. Luego, hay una cubierta donde se apiñan los dos guías y el marinero. La zona que podríamos considerar como “habitable” está cubierta por una toldilla, que como todos sabemos, estos accesorios, son un irresistible estímulo para ciertas aves que la dejan con más mierda que Chewbacca en un barrizal. Del casco principal salen unos arcos que terminan en los estabilizadores, que son dos o tres palos atados y que, pese a que su apariencia ligera y delicada parecen estar fabricados con el vibranium de Wakanda.

Los guías y el personal de buceo, son caso aparte. Veamos.

Su apariencia es de extrema jovialidad, bajitxs, con una sonrisa eterna en la cara, y dientes blancos que cuando se ríen eso parece la valla de un jardín de película americana. Luego, cuando preguntas, resulta que ya van teniendo sus añitos, que algunx nació cuando las guerras eran a tortazos, pero que se mueven con una agilidad increíble en el entorno de la embarcación.

Enseguida comprendieron nuestra filosofía y nos dieron rienda suelta al ansiamasá permitiéndonos inmersiones en todos los casos superiores a los sesenta y quince minutos. Su disposición y su trato se fue convirtiendo en confianza y camaradería de manera que no puede extrañar a nadie que la última nocturna la hiciéramos como “colegas”, que termináramos alguna noche en el bar mezclando experiencias y cervezas o que pasáramos algún intervalo de superficie en un chiringuito playero, que los veías allí más sobrados que cuando le quitaron el silenciador al Tuc-tuc.

vlcsnap-2017-12-07-15h33m07s570El personal del resort no presenta rasgos diferenciales. Los chicos tienen gorra pero no la llevan ni puesta ni quitada, es muy raro. Es como si se les sujetara sobre la cabeza… como si llevaran en lugar de la gorra un barreño. Pero el trato, la simpatía y la sonrisa son comunes a lxs del centro de buceo. Las chicas llevan unos trajes como de fallera pero venidos a menos y se recogen el pelo para un lado con un floripondio de color rojo. En diez minutos ya te conocen y te llaman por tu nombre: Raúl, Iñigo, Fernado, Mayte, Alba, Pablo, Big Boy…

También hacen apuestas sobre los huéspedes muy huéspedes que hacen cosas de huéspedes. Algo, que averiguó nuestro Íñigo, que con eso de tener un cierto parecido con el cantante local del mismo nombre, andaba más solicitado que el Pittbull en un remix.

Pero vamos a centrarnos en el buceo.

Lo más chocante es el nombre de los puntos. Si por ejemplo, en indonesia, los nombres de las inmersiones parecían invocaciones al diablo, aquí, en Filipinas, tienen, en su mayoría, una cierta evocación a nuestro idioma, como por ejemplo: “Tongo”, o pueden parecer preguntas en murciano: “Talisay, Kasai”, o directamente son copiadas del euskera: “Basdako”. En cualquier caso, lo ideal siempre es llegar desde el muelle hasta el destino sin escuchar eso de “Malú nostá

Por resumir, la zonas de buceo se concentran en las paredes de la costa de Moalboal. Siempre, tras una pequeña plataforma de coral duro con una profundidad no superior a siete u ocho metros. Más allá encontramos paredes verticales que se pierden en el azul y que están llenas de grietas. La corriente, constante pero no violenta, viene cargada de nutrientes que, si bien no contribuyen a una excelencia de la visibilidad, permite el crecimiento de esponjas de barril de un tamaño respetable y sobre todo enormes gorgonias de abanico. Los corales blandos y los alcionarios comienzan a verse a partir de los veinte metros de profundidad.

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En Moalboal, destaca la enorme biodiversidad, un verdadero tesoro de mil formas y colores que hay que descubrir, eso sí, con la ayuda inestimable de un “palito”…

Los “palitos” de buceo son imprescindibles en estas inmersiones. Los hay de colores, de diferentes materiales (acero, aluminio, plástico, madera de palmera de nipa) y tamaños (desde unos centímetros hasta el de dos metros y medio que se encontró Raúl). También los hay de fabricación casera, mecanizados, con ganchos como de escalador o algunos que buscan la excelencia y se los han encargado al mismo Hatori Hanzo.

Pero son imprescindibles para descubrir una fauna oculta entre los tentáculos de las anémonas (o bajo su manto), en los brazos de los cirrípedos, o camuflados entre los pólipos de los corales.

La representación de crustáceos es impresionante en forma, tamaño y color. Los peces de arrecife son miríada y hay varios puntos donde ver el esquivo “mandarín”. Gobios, Blénios, peces pipa, caballitos de mar (signátidos) son legión, aunque el más buscado sea el representante de la faminila de los solenostomus, el llamado pez pipa fantasma. Sorprendente es la abundancia del pez rana, sobre todo, en su colorido grisáceo (o azulado) siempre asociado a esponjas tubulares.

Los pelágicos no fueron especialmente frecuentes, de talla pequeña y en cardúmenes poco poblados. Vimos delfines (en superficie) y aunque nos advirtieron de la posibilidad de avistamientos, no tuvimos encuentros con el tiburón zorro.

vlcsnap-2017-12-07-15h39m53s181Sí es abundante y variada la representación de planárias y nudibránquios, desde los más diminutos hasta el gigante Hexabranchus sanguineus al que aquí llaman bailarina española, aunque, no es ni parecido al que vemos habitualmente en las nocturnas del mar rojo.

Las caracolas son curiosas y, como hay abundancia de grietas, muchas de ellas tan grandes como para que puedan entrar dos o tres buceadorxs, la llamada almeja eléctrica es bastante frecuente y fácil de ver.

Veamos… la almeja eléctrica.

Su nombre común en español permite hacer volar la imaginación (sobre todo la calenturienta) y parece aludir directamente a casas de alcahuetería o lenocinio.  En inglés, para qué vamos a engañarnos, tampoco es que sea muy currado, ya que, los hijxs de la gran Bretaña como son tan “sosomanes“se refieren a la Ctenoides ales como “disco clamp”.

Quizás lo más interesante de este animal, sea que, a diferencia de otras especies que pueden generar su propia luminiscencia (su propia luz) la almeja eléctrica tiene la capacidad de reflejar la luz ambiental. Según parece, en los labios de este animal hay dos tipos de tejido, uno de los cuales está lleno por esferas microscópicas de sílice, un elemento con un gran índice de refracción. Cuando la almeja despliega de atrás hacia adelante sus labios a una velocidad de entre dos y seis veces por segundo el efecto produce centelleos que a primera vista parecen ondulaciones de electricidad, como en los tubos de neón. Lo que aún es un misterio es si hacen estos despliegues de luz como defensa ante depredadores, para atraer a sus presas o como señalización a otros ejemplares con fines reproductivos.

Ante la avalancha de elucubraciones que puede generar la combinación de términos como almejas, brillantes y fines reproductivos, casi mejor que os cuente como Raúl, se pasó toda una inmersión tocando con un palito cada almeja que se encontraba para ver si se abría y daba destellos.

Claro, que, visto así, no sé si esto evitará las elucubraciones…

vlcsnap-2017-12-07-15h48m23s549Uno de los motivos de elegir Moalboal, era por su famoso “sardine run”. Un impresionante cardumen de sardinas que se mueve a lo largo de toda la pared, según parece, siendo un fenómeno estacional durante todo el año.

Bucear aquí, sí que es una experiencia que merece la pena ser repetida varias veces.

La enorme cantidad de ejemplares, moviéndose al unísono, dibuja en el azul infinidad de sombras que resultan hipnóticas. A veces, un pequeño grupo de túnidos o de carángidos cruza la nube de sardinas que al moverse provocan sombras y reflejos, como si fuera una noche con tormenta. Cuando los buceadores se aproximan, se ordenan en esferas defensivas que se estiran y contraen continuamente. Si la extensión lineal del cardumen es sorprendente, ya que puedes recorrer casi un centenar de metros y seguir bajo miles de sardinas, la profundidad que alcanza tampoco nos deja indiferentes, ya que, a dieciocho metros de profundidad, también sigues rodeado por estos peces. A veces, los ejemplares que se encuentran en la parte inferior del cardumen nadan pegados al arrecife, tanto, que las morenas, casi sin salir de sus guaridas, pueden cazar y llevarse a la boca un pedazo de pescadito o uno entero. Otro de los cardúmenes más comunes en estas aguas, es el de buceadores japoneses, que llegan armados con cámaras y flashes arrasando todo lo que se encuentran a su paso, con unas capuchas de animalitos más horteras que un centollo con peluca y a los que les importa tres mierdas que estés o que no estés, si te tienen que pasar por encima, lo hacen y punto.

El buceo en Moalboal es “ilimitado”.

Un día comienza cuando suena el despertador de Raúl, que también ha puesto el “despacito” como alarma sin caer en la cuenta de que esa canción está reivindicada por el estado Islámico. A ver, que el comentario está relacionado con la insufrible canción, y no con la religión, no sea que me tachéis de islamófobo, a mí, que soy el primero en decir eso de ¡Hala, al bar!

vlcsnap-2017-12-07-15h49m14s162Te quitas el pijama (que yo por pijama entiendo unos gayumbos y una camiseta vieja, cuando no solo con unas gotas de varón dandy, como la Marilyn), te duchas y como son las cinco y media de la madrugada te vas al centro, que aún está cerrado, y donde el bueno de José (el del compresor) nos ha dejado unas cuantas botellas preparadas. Realmente, Fernando, en una clarísima venida arriba, pidió botellas para todxs y dejó encargadas 32 “tanks”. A la hora señalada, solo aparecen Íñigo, Nacho, Bea, DC, Mayte, Raúl y yo. El resto, se quedó en la cama, muy a gusto, en brazos del “mermeamasao”.

Bueno, no se le puede llamar “ansiamasá” si no valoras el suicidio como una opción.

Lo que pasa, es que, a estas horas, aún están llenando el canal entre islas de agua, lo que viene a ser una marea, y el nivel del mar está más bajo que la matrícula de un monopatín. De manera que, hasta el borde del arrecife (más o menos cien metros), donde están los fondeos, hay que llegar andando. Sí, andando, caminando, pateando, deambulando, marchando… en ningún caso palabras sinónimas de nadar. El paseo se convierte en un continuo esquivar de corales, cargado con el equipo, y, en mi caso, sin escarpín, con lo que cada vez que en lugar de arena piso cachitos de lo que sea maldigo la hora en que se nos ocurrió la idea de hacer inmersiones de “amanecida”. Luego sí… una vez llegas a coger algo de profundidad y puedes nadar, te relajas y disfrutas viendo toda la fauna que he descrito antes.

Tras terminar la inmersión, hay que volver al muelle, constatando que la marea no solo no ha subido, sino que ha bajado, y por tanto, el trecho que antes has podido hacer a nado, ahora lo tienes que hacer también andando, y, otra vez te acuerdas de todo el santoral, aunque, cuando llegas al centro, y preguntas ¿mañana otra vez? La respuesta es… ¿a que no os sorprende?

Luego, dejas los equipos secándose y te diriges al salón, a desayunar.

vlcsnap-2017-12-07-15h53m04s732Allí te encuentras con los escindidxs del ansimasá que nada más levantarse salen disparadxs a fumar y/o a tomarse el primer café de la mañana como si fuera metadona. Ante la misma mesa (porque no hay más mesas libres) nos sentamos a charlar (A ver, no diré que Rafa habla mucho, pero siempre he pensado que cuando se queda afónico le salen subtítulos) y a comentar el programa del día.

Programa con el que hay que hacer encaje de bolillos, porque, si no madrugas, no eres de lxs primerxs en salir. Si madrugas, no desayunas y además como hay marea baja, la banka no puede salir. Si acortas el tiempo de fondo llegas a tiempo para comer, pero si haces inmersiones tan largas como la nuestra, llegas tarde. Porque, si llegas tarde, la comida está fría y si no quieres la comida fría tienes que esperar a que te la preparen para tenerla reciente, con lo que no queda tiempo apenas para una siesta antes de la tercera (cuarta para otrxs) inmersión del día. Si quieres hacer intervalos en superficie cortos, lo ideal es pedir aire enriquecido, pero si en tu curso te han dicho que el nitrox solo sirve para inmersiones profundas y optas por aire, alargas el tiempo entre inmersiones y retrasas la hora de llegada al puerto, volviendo a lo de la comida fría. En definitiva, un continuo planificar para que todo salga todo lo mejor posible, y, sí, ¡que leches!, lo hice, y lo hice bien, ¡muy bien!, para que todxs, en un grupo tan heterogéneo, pudieran disfrutar de buenas inmersiones.

A lxs que os ha chocado eso de “si en tu curso te han dicho que el nitrox solo sirve para inmersiones profundas” comentaros que no todxs han tenido la suerte de recibir una buena formación (como la que tenemos en Zona de inMersión) y lxs hay que han sido certificadxs solo con ver un vídeo, que puedes sustituir el video del curso de nitrox de algunas certificadoras por el del “Dahil Sa`yo” del Íñigo Pascual y sabrías lo mismo sobre buceo.

En mi próximo artículo “Yo, el puto amo de esto” os daré unas cuantas indicaciones sobre cómo ser humilde.

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Bueno, el desayuno (una dieta compatible con churros con chocolate y pacharán… ¡en ese mundo me quiero morir yo!), consiste en elegir entre zumos, fruta, cereales, leche, bacon o salchichas, café o infusiones, aunque yo me tenga que centrar en mis tortas dietéticas que son como el corchopán ese con el que se hacen ahora los tabiques. Luego hay que bajar al centro y montar los equipos. Rafa, que ha sufrido (y mira que lo lamento) los últimos ajustes de la globalización en el mercado del buceo, ha tenido que venir con un chaleco provisional. Menos mal que en este viaje, contamos con Raúl, que tiene que tirar de recursos, conocimientos y experiencia para ajustar las cinchas y los correajes. Aun así… mirad, solo os deseo que alguien os abrace como abrazaba Rafa a su Jacket para sacarle el aire.

Una vez te han cargado los equipos en el barco, te subes, y navegas hasta el primer (para algunos, segundo) punto de inmersión del día. Para contar con más espacio en los barcos, hemos optado por dividir el grupo en dos, así que, ambas embarcaciones suelen ir a los mismos “spots”, aunque, naturalmente, contaríamos con total independencia en caso de discrepancias.

Tras terminar esta inmersión, hay que hacer el lógico intervalo en superficie, en el que conviene (no lo olvidéis) hidratarse con agua o con las infusiones que tenemos a bordo. Esta pausa, dependiendo de la distancia del siguiente punto de inmersión se puede hacer, ¡bien! en el barco, ¡bien! en el centro o como marqueses en los chiringuitos de la playa.

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Si en tierra hago las cosas sin pensar, imaginad cuando se trata de buceo…

Personalmente, opte por volver al centro entre inmersiones, porque creo que es positivo contar con la opción de cambiar de mezcla, optimizar equipo, reparar, sustituir baterías de cámaras o focos etc. Aunque no siempre puede haber un acuerdo total ni opiniones unánimes, claro. Envidio a los instructores de paracaidismo, esos, cuando la cagan, no suelen tener gente quejas.

Una de las inmersiones que se hace con doble botellas es la de la “Isla Pescador”. Este islote en el medio del canal ofrece una estructura semejante a la de las inmersiones de la costa, pero eso sí, quizás por su situación, por estar rodeada por las aguas más profundas o por las fuertes corrientes, ofrece las inmersiones más salvajes y más bonitas de la zona. Nosotros pudimos ir dos (algunxs tres veces) aunque según nos contaron gente de otros grupos, lo normal es que no te lleven más de una vez. Otro éxito de la gestión diplomática Scubagueto.

vlcsnap-2017-12-05-15h58m10s394No es que en “pescador” hubiera más tortugas, en realidad, vimos ejemplares de estos reptiles en todas las inmersiones y en gran número, casi te diría que tantas como en Bunaken, si bien, las que había aquí me sorprendieron por su gran tamaño, aunque, esto no deja de ser una apreciación personal. Por cierto, que en sueco, la palabra tortuga se dice “sköldpaddan” y procede de dos términos germánicos: “Paddan” que significa rana o sapo y “sköld” que significa arma, si bien, la acepción más utilizada para el término sería la de escudo, por lo que, literalmente, se podría traducir como “rana con escudo”. ¿A que habéis alucinado con este dato?.

Pues es verdad.

Tras la segunda (tercera inmersión para otrxs) de la mañana se regresa a puerto y, mirá que lo advertí…

Yo, suelo recomendar que las abluciones fueran en los “bungaloses”, ya que, en el centro, para refrescarse o “desalarse” solo hay una ducha, y, cuando llegas con el horario tan ajustado eso de que haya peña que tire de ardides y sofismos para colarse te sienta peor que si te pasaran un pez león por la bolsa escrotal.

Ahora sí, una vez pasadxs a limpio, toca almorzar.

Luego, tras dar buena cuenta de los manjares que nos sirven, nos queda un ratito para hacernos un “Nikki Lauda” es decir, planchar la oreja.

vlcsnap-2017-12-06-07h33m52s792Lo de levantarse a estas horas de la tarde, con una calorina que hasta las chicharras te piden que las escupas para refrescarse, es algo que roza el masoquismo. Volvemos a prepararnos para la tercera (para algunxs cuarta) inmersión. Es bueno (y recomendable) si dispones de varios trajes, dejar el que has utilizado en la mañana secándose al sol y utilizar ahora uno deshumedecido. Por ejemplo, DC, tiene para la mañana un traje negro mucho más solemne, donde va aparar, pero para las tardes y las noches se pone uno más colorido, como de fontanero de película porno rumana.

Los guías tienen muy sencillo el brifin. Lo único es comprobar si la corriente es de pallás o de pacás, sugerirnos la profundidad máxima y callarse lo del tiempo de fondo, no sea que les caiga una colleja. Por lo tanto, no es necesario que nos hagan esos croquis de inmersión en la pizarra que parecen hecho por el dibujante de Pepa Pig ciego de éxtasis. Tener los fondeos tan cerca de la costa, hace que, a veces, esta gente pueda ir hasta la playa, coger algo de merendar (fosquitos o pan con Nutela) y regresar nadando con la bolsa por encima de la cabeza, con gran esfuerzo para que no se moje, que luego si la tiras al hueco del patrón, que está lleno de agua…

De nuevo, llegas al muelle, y, si quieres, que va a ser que sí quieres, pides las botellas para la nocturna y empiezas a preparar todo. En mi caso, hay que poner baterías a cargar, cambiar de foco, descargar imágenes, y todo, en tiempo record, que cuando llego al agua, pienso que se está quedando una noche fantástica para empezar a esnifar estricnina.

La nocturna, cuarta (quinta para otrxs) inmersión del día se hace desde el muelle, aunque, nosotros contratamos dos desde barco. Aquí sí que puedes nadar hasta el fondeo y empezar alucinando viendo la vida pequeña abriéndose paso ante nuestros focos.

vlcsnap-2017-12-07-15h41m10s399También puedes bucear en la bahía de Moalboal (tanto de día como de noche),en uno de esos arenales que son como un truco de magia: Nada por aquí, nada por allá y de repente aparece una piedra con ojos, patitas y tremendamente venenosa. Hay serpientes, pulpos, “nudis”, anguilas y cualquier cosa que sobresale del fondo es colonizada rápidamente formando ecosistemas irrepetibles. Cuando sales de esta inmersión, sales caminando como C3PO y con las ingles más irritadas que el parto de un puercoespín, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

Lo que queda, es una ducha, vestirse y quedar en el comedor, para cenar, toda una paradoja en si mismo.

El resort es muy frecuentado por Españoles, buenos Españoles de los que hacen cosas, aunque esta semana, al parecer, tenemos hermanos rusos entre nosotros. Son esos que ya han adquirido una coloración rosácea del sol, que cuando mastican parecen una cabra rumiando hierva y que en el bar se ponen de tequila hasta las orejas, y que, por no ser mal pensados, diremos que lo blanco de la nariz es harina, que lo rojo de los ojos es una conjuntivitis y el dragón rosa de la habitación es una mascota.

Tras la cena, nos reunimos en el bar del resort, ya que, las birras están baratas y se está muy bien, fresquitos, disfrutando de la simpatía de lxs camarerxs, viendo los “patús” del día y ampliando la oferta gastronómica con la inclusión del “carajillo” y del zumo enriquecido.

Tan solo una noche nos llovió, pero nos llovió como para pasarse tres meses sin regar las plantas…

El último día se puede aprovechar de muchas maneras…

Puedes ir a ver las cataratas de Kawasan, que están en un paraje idílico y de gran belleza, y en las que puedes nadar si te dejan los de las balsas.

vlcsnap-2017-12-14-11h00m14s999Puedes ir a Oslob, para bucear con el tiburón ballena. Que, bueno, si has estado en Galápagos, Riviera Maya o Maldivas y has podido disfrutar de encuentros con estos gigantes, esta experiencia, no te va a llenar. Es como un circo, en el que, puntualmente y atraídos por la comida fácil acuden entre seis y veinte ejemplares de estos inofensivos escualos. Hay voces críticas con estas prácticas que sugieren que los animales pierden sus hábitos migratorios, son presa fácil para pescadores cuando abandonan la zona o resultan dañados cuando se acercan a embarcaciones porque piensan que van a obtener comida. Los locales, opinan que si no existiera Oslob, pescarían y masacrarían a estos gigantes (como antaño) y te explican que las medidas restrictivas que han tomado las autoridades son suficientes como para proteger a estos animales y al mismo tiempo garantizar recursos económicos a una población que tiene pocas alternativas para subsistir. Pero vamos, que si quieres ir vas, y si no quieres ir… no vayas.

Por la tarde, cuando no hace tanto calor, es obligada la experiencia de visitar la playa de Panagsama y comerse un coco mientras disfrutas de una espectacular puesta de sol. Para llegar desde el resort hasta allí, tienes que emplear un tuc-tuc.

Un tuc-tuc no es más que una moto Vespa con un carenado de chapa pintado de colores en el que has puesto asientos para que puedan ir más personas, concretamente, entre tres y setecientas ochenta. Lo bueno es que son baratos y pintorescos y como son “utilitarios” te llevan hasta el mismo centro de todo. Lo menos bueno, es que, si vas a la rapiña negociadora y te subes siete en cada cacharro, en las cuestas, te tienes que bajar a empujar. Y no es porque yo estuviera subido, cabronxs, que nos conocemos.

Allí, en cualquier bar, puedes charlar y disfrutar de la tarde, no como en Benidorm, que ves un montón de gente con camisetas de Converse pero luego, si les preguntas algo, no quieren hablar contigo.

vlcsnap-2017-12-14-11h02m15s280Dos incidentes marcaron este viaje, el primero, el de Alba, que salió de la inmersión del mandarín con tantos agujeros en el muslo, que dudo si se pinchó con un erizo o es que cose de puta pena y el segundo el mío, ¡ostia terrible!, que me dejó el tobillo más hinchado que los morros de Carmen de Mairena comiendo pipas con sal.

Menos mal que la caterva Scubagueto es como es, y que conté con la ayuda tanto de Mayte como de José DC, así que, el viaje de vuelta, resulto mucho más llevadero de lo que parecía.

Y es que, la vuelta, tenía dos escalas muy largas. La primera, en Singapur. Eso sí, tiempo hay como para comprar algo y comer. Lo de las compras es algo que no sé cómo al final me salió tan bien, porque, sin Bea como “shop assistant”, me encontré solo y, como bien sabéis, yo hablo cuatro idiomas, pero muy mal los cuatro, así que…

En el vuelo de Singapur a Barcelona pude ver otras obras de arte del cine moderno como esa de los pingüinos de Madagascar (Madagascoche en Español) y dormir a ratos. En Barcelona, ni nos pusieron visados ni nada pese a las reticencias de Rafa. Aquí si disfrutamos de sala vip.

Por fin llegamos a Madrid. Se nota que llegas a Madrid porque ves a la gente que habla por el móvil como si se fueran a comer una tostada.

Bueno, pues con esta expedición termina el 2017.

No sé si la Scubacrónica me habrá quedado un pelín espesa, pero bueno, cuando creo que no me está saliendo demasiado bien pienso que alguien escribió “dale mamasita, dale fuelte, con tu tacatá” y se me pasa.

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Zona de inmersión. Esta Scubacrónica está dedicada con mucho cariño a Carmen y a Rafa. Ojala pueda crecer y envejecer como ellos, siempre buceando, siempre haciéndose preguntas. Eternamente jóvenes.

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